Jam Session

Política, literatura, sociedad, música

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Lugar: León, Spain

En plena incertidumbre general, y de la particular mejor no hablamos, tratando de no perder la sonrisa...

15 noviembre 2006

Las costumbres cambian.

Hoy por la tarde estuve en el pueblo, ni que decir que la liviana niebla leonesa, en mi pueblo era densa y tremendamente húmeda. Al bajar del coche ya lo presagiaba, iba a hacer frío, y efectivamente, lo hizo, todavía tengo tibio el cuerpo, hasta el pito lo tengo todavía tibio, ¡que barbaridad!, vaya día, ni un minúsculo rayo de sol traspasó dicho velo en todo el día.

Uno que va al pueblo a relajarse, olvidarse de todo y a estudiar un poquito, que buena falta hace, pues busca tranquilidad, y aquí si que me engañé. No esperaba llamadas de relevancia en el móvil, como que me llame una señorita de buenos hábitos ávida de coyunda animal, ni tenía cerca ésta terminal cuyas teclas suenan ahora mismo mientras os escribo estas líneas, con lo que el peligro de conectar el Messenger a ver quién se encuentra desorientado y ocioso de quehaceres útiles para la vida era nulo, también se me olvidó adrede el cubo de Rubrik, si, ese “juguetito infantil” que me tiene fritas las neuronas y que cada vez que hago una hazaña digna de encomio lo contemplo con nostalgia, pues se que eso no basta, que el esfuerzo ha sido estéril, y que para avanzar tengo que deshacer y tirar a la basura en sentido figurado, todas las infructuosas horas que he desperdiciado en su frustrada ejecución, tampoco me llevé libros, ni periódicos, ni revistas, es decir, nada que pudiese distraerme.

Así pues, me disponía a trabajar encantado y feliz como una lombriz, éramos yo, el libro y el flexo, compañero infatigable de batallas visuales, y todo en mi pueblo era un cúmulo de paz y felicidad, un remanso de sonoro silencio, si me permitís el oximorón, inefable. Hasta que llegó la tarde…

En mi pueblo han puesto un pabellón deportivo, esto, creía yo, no conllevaba ningún peligro evidente, además aunque mi casa esté al lado del pabellón, nos separan metros de distancia, hormigón y matorrales, no es que sea mucho, pero en mi opinión, en mi errónea opinión, era suficiente para prevenir el ruido de una hipotética partida de bolos, que es a lo que se ha reducido la utilidad o el jugoso fruto que han sacado al pabellón deportivo municipal en mi pueblo. Pero no, al parecer en mi ausencia le han sacado otro uso al dichoso pabellón, que cosas.

Ya me extrañaba a mi, buen chico donde los haya, que habiendo acudido a la fuente del pueblo, sita en su plaza al lado de la iglesia, y queriendo el destino que llenase el botijo a la hora ordinaria de misa, no encontré ni ovejas ni pastor, el templo cristiano se hallaba cerrado a cal y canto, y ni rastros de la comunidad feligresa de mi creyente pueblo.

No le di mayor importancia, total, tienen misa todos los días, ya les mandaría el cura reposo y reflexión durante todo el día de hoy, y me volví a casa tan tranquilo con mi botijo y mi pitorro, raudo, pensando en lo que tenía que estudiar cuando llegase, el paseo me había hecho entrar en calor y deseaba envolverme en el conspicuo silencio que hasta el momento había acompañado mi estudio. Pero al llegar a casa vi algo sospechoso, un tumulto de personas se arremolinaban entorno al pabellón de deportes, además, llegó un coche del que se bajo una señora enfundada en su chándal, si mis ojos no me engañaban, estaba viendo el rebaño perdido, las ovejas descarriadas, a la hora de misa…pero aquí no había ni misa ni pastor, las morigeradas señoras de mi pueblo, habían cambiado su redentor omnipotente en forma de cura parroquiano de pueblo, por una desconocida con unas Nike, no encontraba una explicación racional.

Casi al lado mío, divisé una figura en cuya presencia no había caído, caminaba a mi par una mujer de unos 40 años, mediana estatura, llevaba unos Pepe Jeans azules oscuro un poco decolorados que le hacían un culo amplio y poco apetecible, unas zapatillas blancas que dejaban entrever sus calcetines “deportivos” made in calcedonia, una chaqueta de lana color violeta, su cuello corto, tez clara, aspecto sereno y el rojo cobrizo de su cabello, me confirmaron que se trataba de Pili, la mujer del cartero. Su marido, como os he dicho, es el cartero, no me cae bien, y su hija menos, con la que tuve una tentativa de idilio en el pasado, tentativa frustrada por su estrechez de miras entonces, estrechez que con el paso del tiempo ha repercutido incoherentemente en la criatura, haciendo de la “delicada flor” una señorita mas casquivana que las gallinas de corral, con todos mis respetos para las gallinas, que conste el ditirambo.

A pesar de pensar todas estas lindezas de la familia de Pili, lindezas que por supuesto no se exteriorizaron, haciendo mas valioso que nunca aquel aforismo penalista “el pensamiento no delinque”, me acerque a ella con aire sonriente –y con mi botijo- y le pregunté a que se debía el tumulto, la muchedumbre de paisanas entorno al pabellón, y me dijo con aire candido –vamos a hacer gimnasia- bueno, me dije, no pasa nada. Con lo que Pili siguió de largo hacia el pabellón, a reunirse con sus futuras compis de sobacos exudorados y yo me fui a estudiar a casa.

Por supuesto la tranquilidad que había dejado a la espera de mi llegada con el botijo ya no estaba, por el contrario, escuchaba encrespado el chalaneo locuaz de “las deportistas” de mi pueblo. No llegaba el alcalde con las llaves y se estaban impacientando, supongo que a causa del frío, a pesar de llevar en su mayoría fajas térmicas reforzadas, con lo que se estaba alborotando “el gallinero”. Pero al fin llegó el alcalde y se metieron todas para adentro. La verdad es que estaba expectante, porque quitando a Pili y a la mujer del panadero, el resto tenían una media de unos 70 años de edad, ¿qué tipo de deporte practicarían estas señoras?, además no había visto mas chándales que el de Pili y el de la monitora al bajar del coche.

El caso es que me olvidé de todos estos pensamientos y me concentré en mi estudio, pero la concentración duraría poco, a los 5 minutos no se si a través de un altavoz cascado o de una sordina o yo que se, escuché música, a pesar de la deficiente calidad del sonido, éste traspasaba mis oídos con natural sencillez, al cabo de media hora no podía mas, baje encolerizado por lo menos para decirles a las “ocupas” del pabellón a ver si podían bajar la música, y entonces las vi, allí estaban todas efectivamente haciendo gimnasia, al ritmo de “un pasito palante Maria…”, con su traje de ir a misa, con faja y todo, allí estaban subiendo y bajando de una especie de ladrillo elevado cada una, y la monitora lanzando graznidos desde un pulpito improvisado encima de la caja donde guardan el tesoro municipal, los bolos, con lo que cariacontecido por la panorámica de mis ojos y por que me gritaron todas que me marchase de allí y no molestase, me di la vuelta perplejo y reflexionando a ver que sería del cura que a esas horas tenía que estar profiriendo la letanía de todos los días, continuará…

Un saludo a tod@s.

1 Comments:

Blogger Javi said...

Buenas Jose, yo por una parte de que no vayan a misa me alegro, pero que sea en detrimento de mi concentración no, asi que se pueden volver todas a escuchar el sermón. La verdad es que me da cierta rabia el cura, por mi se podía apuntar al paro, si supieses que vendieron antaño un prado de madera en mi pueblo para levantarle la casa al cura, y ahora el muy desgraciado se ha pirado a su pueblo natal que esta dos pueblos mas alla... es la comidilla de todas las paisanas, imaginatelo, le ponen a caldo,jejejeje, a ver si por lo menos aprovechan esa casa para poner una biblioteca o yo que se, se van ahí las paisanas a hacer ejercicio y no molestan al personal, yo por lo menos se lo agradecía,jejeje.
Un saludo Jose.

sábado, 18 noviembre, 2006  

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