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Política, literatura, sociedad, música

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En plena incertidumbre general, y de la particular mejor no hablamos, tratando de no perder la sonrisa...

14 septiembre 2007

Principiando la vida académica y, la otra.

Hola, me llamo Aitor. Tengo tres años y esta semana he comenzado a ir al colegio. Es injusto. Llevo apenas año y medio caminando por mis propios pasos, sin ayuda de mis padres, tíos, abuelos y algún que otro vecino hastiado de sus labores cotidianas y, ya tengo obligaciones, deberes, una conducta que forjar, unos hábitos por adquirir…qué suplicio, qué disgusto, qué falta de tacto, qué carencia de empatía conmiserativa.

Yo era una persona feliz, desde que comencé a dar mis primeros pasos tenía cierta independencia. Ya no necesitaba ayuda de nadie para acudir presto al tarro de las galletas, volcar con suma rapidez el enorme cubo de juguetes o contemplar con deleite el fluir del agua al activarse adecuadamente los aparatos destinados al uso.

En casa mandaba yo, eso quedó claro desde el primer día. Para que no hubiese lugar a confusión, marqué una pauta disciplinaria férrea, utilizaba distintos timbres de lloro. Lloraba en nivel A, para que hiciesen lo que yo quería; un nivel B, más elevado, si se despistaban y no actuaban con presteza y, un nivel C, todavía más elevado, irritado y molesto, cuando mis padres –hoy progenitores A y B- osaban cuestionar mi autoridad e ignoraban durante mínimos instantes mi inefable sufrimiento. Por supuesto, mis padres captaron el mensaje a la primera.

La vida de bebé, como iba diciendo, es harto complicada. Me hacen ingerir en el desayuno, comida, merienda y cena un preparado terrorífico que los adultos han tomado a bien en llamar, potitos. Los odio, mi joven temperamento explota cuando veo la cuchara, el potito, el babero y la sonrisa sardónica de mi madre profiriendo un “¿quién se va a comer este potito?”.

Como este Septiembre comenzaba el cole, mis padres me han encomendado una serie de tareas de suma complejidad durante el verano. Me han quitado los Dodotis, como lo oís, ¿cabe acaso infligir mayor losa sobre mis frágiles espaldas? El Dodotis era como una prolongación de mi cuerpo, un cojín adosado a mi culo que me acompañaba a todas partes sin quejarse, iba conmigo al parque, a pasear, a dormir y ahí mismo realizaba mis necesidades fisiológicas despreocupadamente. Pero mi madre se empeñó en quitármelo y decir que para ser mayor, ir al cole y comportarme como los demás niños, tenía que hacer pipi, popo y lo que se tercie en lo que eufemísticamente llamó el sillón del rey. Como podréis suponer, me negué rotundamente a poner mi lindo culo en ese monstruo, con lo que mi madre optó por ir poco a poco, para ello, compró una pequeña bacinilla a la que tenía más miedo – si cabe- que al sillón del rey, y me decía, repetía e insistía perseverantemente hasta la saciedad, que hiciera allí lo que antes hacía en mis queridísimos Dodotis, como yo no la hacía caso, me escapaba y mi madre me perseguía por toda la casa con la bacinilla en la mano, era muy divertido.
Los adultos son muy tontos, pronto se dieron cuenta de que no haría nada si no obtenía nada a cambio, quod pro quo, con lo que me concedieron un premio en forma de dulce, juguete o paseo al parque cada vez que hacía lo que me pedían. Pero un día se acabaron los premios y la bacinilla y los paseos al parque, y me sentaron en el sillón del rey, primero tuve miedo, pero luego le cogí el gusto y me paso ahí mucho tiempo, lo necesite o no.

Ya pensaba que era mayor del todo, que mis padres y mi entorno no me iban a molestar nunca más con ninguna otra bagatela, pero que equivocado estaba. Yo, que desde pequeño me he salido con la mía, me han dado lo que he querido, el mundo se ha movido a mi alrededor a mi gusto, no he compartido un solo juguete con ningún niño porque eran todos para mi, no he tenido amiguitos porque no los necesitaba, pues estaban mis padres detrás mío de continuo para que no me cayese, hiciese daño o me extraviase, yo, que era dueño y señor de mi reino, veo de repente como todo se desmorona, todo lo que había conseguido durante estos años se ha evaporado y me tengo que enfrentar a la dura y cruel realidad, el cole.

Este lunes fue mi primer día, no sabía a donde me llevaban pero, desde muy temprano, mi madre no obraba como de costumbre, esas costumbres que rutinariamente se repiten día tras día, hora tras hora y minuto tras minuto y, que los mayores, creen que no las percibimos, notamos o apreciamos, pero si, las tenemos almacenadas y memorizadas en nuestro pequeño software, y cuando observamos alguna alteración, por minúscula que sea, nos ponemos en guardia, ya que siempre suelen recaer los efectos de ésta en nosotros. Mis sospechas se hicieron realidad, me despertó antes que de costumbre, me dio el desayuno antes que de costumbre y me vistió con unos ropajes idénticos al de otros niños con los que me encontraría más tarde. Me llevaron mi papa y mi mama de la mano hasta el recinto en cuestión, allí nos introdujeron a todos los niños con nuestros padres de la mano en las clases y tuvimos clase durante una hora, con nuestros padres presentes.

Mi tío Javi dice que cuánto han cambiado los tiempos, que en su época la primera semana no era una horita al día para ir acostumbrándose a la nueva vida sino toda la mañana y, nada de estar presentes los padres. Me dijo –aunque no sé si creérmelo- que mi abu lo dejó allí con una monja con un grano en la nariz, cara de mala leche y una especie de sombrero que la tapaba el pelo llamada Vicenta y, que cuando vio que su madre no volvía, empezó a llorar, patalear y golpear a la monja con esmero y entusiasmo, a lo que la monja respondió con un sonoro bofetón en su cara que lo sosegó, calmó y tranquilizó para toda la mañana –mi tío dice que para toda su vida-.

El segundo día de cole fue otra historia, mis papis ya me dejaron solo con el resto de niños y la profe, que no era tan fea, tan mala ni tan monja como me decía mi tío. En el cole tenemos juguetes, aunque no son para mi solo, los tengo que compartir con más niños y niñas. Las niñas son tontas y malas, me quitan los juguetes, me pegan cuando las tiro del pelo y son unas mandonas – mi tío dice que hay cosas que no cambian en toda la vida, aunque por gracia o desgracia, las llegaré a ver con otros ojos en un momento dado-. Ya he estrenado el sillón del rey en el cole, la profe me dijo que fuera yo solo, pero cuando la llamé para que me limpiase el culo, me dijo que me lo limpiara yo solo, qué desconsiderada, la próxima vez me voy a hacer popo en clase para que sepa como me las gasto.

Mi tío me ha dicho que hoy me despida de vosotros hasta la próxima semana, que él no puede. Adiós, si ocurre algo importante le diré a mi tío que me deje contároslo.

4 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Aitor? Que Aitor?
Aitor Tilla?
Aitor Menta?
Aitor Tas?
Aitor Pedo?
La proxima vez deberias especificar algo mas, no?

vinoportrabajoylecomieronlodeabajo@hotmail.com

sábado, 15 septiembre, 2007  
Blogger Javi said...

Muy buenas Juli, es mi sobrino pequeño, muy salao él
Ay!! toribio, toribio..Ay!! toribio, toribio..
Fary in memoriam.

domingo, 16 septiembre, 2007  
Blogger Erayo Peroyano said...

¡No le queda nada a tu sobrino! Menos mal que tiene un tío que se las sabe todas (y que sabe de todas) para adoctrinarle en las cosas de la vida, y, llegado el día, introducirle en el mundo del vicio y el pecado.

Espero que os vaya bien a los dos.

Un abrazo.

lunes, 17 septiembre, 2007  
Blogger Javi said...

Muy buenas Roberto, la verdad, es que con los tiempos que corren el que se las va a saber todas va a ser él y, no tardando. Parece que estas nuevas generaciones -para ciertas cosas, claro- están como en otra velocidad y, el vicio y el pecado, como que les viene de fábrica, ya sabes;)

Un abrazo Roberto.

lunes, 17 septiembre, 2007  

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