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Política, literatura, sociedad, música

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En plena incertidumbre general, y de la particular mejor no hablamos, tratando de no perder la sonrisa...

30 octubre 2006

Cuando yo era pequeñito.

La verdad es que lo que os voy a contar es mera hipótesis, ya que ni yo ni nadie se acuerda de su mas tierna infancia, todo lo mas tenemos fugaces flash back que nos traen alguna imagen casi siempre agradable. El hecho de que me haya dado por hablar de este tema se debe a que vengo de tomar un café con unos amigos y hemos estado hablando de esto, de cómo éramos cuando éramos pequeños, con lo que espero ansioso que me comentéis algo relacionado con vuestra infancia, que de seguro fue mas entretenida que la mía.

Mis hermanas tienen la santa y saludable costumbre de tomar café todos los días en mi casa, si, es algo como os lo diría yo ¿cansino?, porque claro, cuando uno es joven y comparte casa con sus hermanos tiene esos anhelos muy dentro de quedar como dueño y señor de la casa cuando se vayan, con lo que cuando se casan, a uno hasta se le pone una lagrimilla en el ojo, porque ya no habrá peloteras en casa a la hora de comer, nadie te va a quitar el huevo frito mejor hecho, nadie se va a comer sin que te enteres la última croqueta, nadie te va a echar la bronca cuando entres con tus amigos en casa mientras están haciendo algo íntimo como depilarse los pelos de la nariz o cambiándose de bragas… pues uno como que no se imagina que va a tener que aguantar los mismos incordios, pero ahora por parte de visitas. Pero no todo va a ser malo en estas visitas, que va, como ahora que uno es mozo y responsable no tienen que tirarme en cara, pues echan mano de cuando yo era un comino, y escucho lo siguiente.

Yo debía tener muy mala hostia, según mis hermanas que eran las encargadas de pasearme cuando era un bebe, tenía mucho genio. Al parecer me encantaban los ojos, me siguen gustando, para que lo vamos a negar. Aunque no venga a cuento, los aspectos en que mas me fijo en una mujer además de en la personalidad cuando tengo la fortuna o desgracia de conocerla es en sus ojos, o perdón, mas bien en su mirada, que es muy distinto, porque una señorita puede tener unos ojos muy bonitos pero no decir nada con ellos, porque los tenga inexpresivos o simplemente saltones, no, no, una mujer tiene que saber utilizarlos…a mi, y esto no solo es en las mujeres, me dice mas una mirada de una persona que lo que hablo con ella, en una mirada ves franqueza, honestidad, simpatía, falsedad, prepotencia, los años de vuelo que le quedan para caerse del guindo, o los años que me quedan para estar solo a la altura de sus tobillos…una mirada dice todo aquello que no hablamos, y calla muchas cosas que deberíamos decir.

El caso, no se como me lo monto que siempre me lío y termino hablando de…yo que se, el caso es que yo de pequeñito me iba a los ojos de las personas, en palabras de mis hermanas, me tiraba literalmente a ellos, yo que ahora tengo un sobrinito pequeño y observo en él como sonríe cuando ve en un carricoche una nena de su edad, parece que me estoy viendo…una madre hablando con mis hermanas que qué niño tan guapo y tal (porque de pequeño era guapo de verdad, aunque algo haya pasado de la noche a la mañana) y de repente ponerse a dar voces porque sacaba las uñas y se las intentaba meter en los ojos a los demás, si, porque no me conformaba con verlos y no tocarlos como las vajillas del Corte Inglés, tenía que meter los dedos en ellos para cerciorarme de que estaban allí, de que me estaban mirando a mi, y claro, creo que en mas de una ocasión hubo un conflicto, no se si llamarlo diplomático, en el parque por mi culpa.

Cuando íbamos al pueblo, de esto ya me acuerdo, me juntaba con mis primos y nos dedicábamos a la caza de la gallina en el corral de la abuelita, claro, todo esto mientras ella no se diese cuenta, en caso contrario seriamos castigados y enviados a la celda de castigo que no era otra que la cuadra del gocho, que crueldad ¿eh?, ahora con tanta asociación suelta por ahí para frenar la violencia con los hijos y tal, y en mis tiempos, mi abuelo nos metía allí con la única defensa de un palo por si el gorrino se acercaba mucho, los niños ahora sueñan que viene el coco y les comerá, yo tenía pesadillas con que se me metía un cerdo cebado en la cama y me daba un bocado. Supongo que serán cuestiones de la generación, que le vamos a hacer.

En una ocasión mientras capturábamos las gallinas de mi abuela mi primo y yo, esto tengo que confesar que me daba un gustazo de la leche, si, me podéis llamar sádico si queréis, pero el ver correr a las gallinas delante de ti azoradas sabiendo que las vas a coger no tiene precio. Lo que ocurrió fue que nos pillo mi abuela dándole uso alternativo a las gallinas, me explico, las utilizábamos como pelotas de baseball, con lo que uno lanzaba la gallina al aire y otro la golpeaba con las cebollas, si, con las cebollas, teníais que ver el impacto que puede llegar a provocar una cebolla en una gallina, el caso es que nos pilló infragante mi abuela que venía de excavar las patatas en la tierra, con lo que muy amablemente, soltó la azada, profirió algo así como un “cagüen los rapaces de los demonios”, corto de un lindo arbolito del corral una fina y larga vara de San Antonio, como eufemísticamente las llaman en mi pueblo, y nos puso el culo como a Boris se lo ponen después de una bacanal, rojo, o que pensabais.

Esto va a ser todo por hoy, os hablaría también de los potitos pero me reclaman para la cena así que habrá que dejar algo para otro día, y como de mis patucos ya os hablé creo que vais teniendo ya una visión medianamente completa de mi infancia, que os aproveche, un saludo a tod@s.

2 Comments:

Blogger Erayo Peroyano said...

Jajaja, lo raro es que esas gallinas pusieran huevos. La próxima vez que discutamos sobre política recuerdame que lleve unas gafas de protección, de las que usaba en el curro, por si te sobrevienen instintos que llevan largo tiempo enterrados, jejeje, y yo como defensa me llevaré una de esas varas de San Antonio a las que tanta versatilidad les daba tu abuela, jeje, ya me imagino el escozor en las posaderas, pero a mi me jodía más que me dieran a la altura de los gemelos, y debían de saberlo, porque ahí descargaba un alto porcentaje de los azotes. A mi no me encerraban, porque las puertas corrían cierto riesgo tras una buena salva contínua de patadas, que aunque pequeñito, cuando juntaba mucha rabia yo creo que daba más fuerte que ahora.
Muchos son los episodios de comedias rurales infantiles que salpican mi más tierna (mi madre te diría que de tierno nada...) infancia, y no sabría por cual empezar.

Un saludo.

martes, 31 octubre, 2006  
Blogger Javi said...

Buenas Roberto, un dia te tienes que animar a contar al personal vivencias de tu instituto, con las que nos amenizabas los descansos en la facultad, además de tu paso por catequesis, que de seguro todavia el cura se acuerda.
No temas, no voy a usar el metodo cebolla para hablar de politica, jajajajajaja. La verdad Roberto, sin defender el maltrato, es que a nuestra adorada juventud le hacía falta un poco de la panacea que probamos, no creas que les vendría mal un poco de vara de San Antonio y de cuadra del gocho y de esos cachetitos a los que aludes en tus gemelos,jejeje, otro gallo, que no Gayo, cantaría,jajajaja.
Un saludo.

viernes, 03 noviembre, 2006  

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