Jam Session

Política, literatura, sociedad, música

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En plena incertidumbre general, y de la particular mejor no hablamos, tratando de no perder la sonrisa...

17 mayo 2010

José Luis y Antonio

Que gobernar iba en serio Zapatero lo ha empezado a comprender más tarde. Ahora sale en las fotos como más grave, con ese semblante de primer ministro adusto e intransigente, sumamente enfadado con las travesuras de sus muchachos y sus muchachas, sin darse cuenta aún de que aquí el problema ha sido, es y será casi siempre él. Cariacontecido por los achuchones que recibe de todas partes, nada cariñosos, por cierto, empieza a asimilar que, tal vez, ser presidente del gobierno no es labor que pueda desempeñar cualquier español, pero que ni te imaginas, mi querida Sonsoles. Su política a base de brindis al sol, eslóganes pegadizos y una prodigalidad sin parangón en el continente, comienza a resquebrajarse, a derrumbarse cual castillo de naipes en día de sufrida ventolera. Debe de ser muy duro llegar a la conclusión de que existen circunstancias en las que no cuela, porque no cabe, endilgarle el muerto a la oposición; y más duro aún reconocer que los problemas que acucian a millones de españoles no se solucionan despertando fantasmas del pasado. La situación es sumamente delicada, y aunque el gobierno socialista sea especialista en desviar atenciones y culpas, en elaborar originales maniobras de distracción, es de esperar que de la chistera ya no vayan a salir más conejos. Se acabaron los trucos baratos, la demagogia para tontos de barrio, la retórica de analfabetos ágrafos ignaros. Se piden hechos contundentes, efectivos, eficaces, pero sobre todo palpables. Ya está bien de ideas brillantes y novedosas, pero de boquilla chica, raquítica, diminuta, casi minúscula. Ya está bien de gobernar sólo para una minoría. Ya está bien de dedicar gestos a la saturada galería. Ya está bien, en fin, y al fin, de tanta y tan enorme tontería. Señor Zapatero, hágase, y háganos, un favor: póngase, inmediatamente, a sus zapatos. Si sabe, por su-puesto.


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Esta tarde, a la sombra de un manzano sin hojas, sin manzanas y sin sombra, mientras disfrutaba del aire de la vida, daba cuenta con delectación de muchacho bribón y libertino de parte de una antología poética de don Antonio Machado. Ha sido el sevillano poeta vituperado de simplón, redundante y simpatizante de la derechona. De él se ha dicho que acaba uno de los campos y sus frutos hasta las cejas de la testa. Y, por último, se le ha devaluado injustamente poniéndole por nombre el hermano de Manuel. Pero, en fin, tonterías de grandes intonsos a parte, no creo descubrir América, el contenido del elixir de la larga vida, ni la forma de cuadrar el círculo si afirmo que es uno de los más grandes poetas de todos los tiempos, a quien se debería rendir tributo, pleitesía e incesantes muestras de indeleble, inefable e inexorable respeto. Para muestras, como dice la socarronería española, botones:

“Ese tu Narciso ya no se ve en el espejo/ porque es el espejo mismo”

“Todo narcisismo es un vicio feo/ y ya un viejo vicio”

“Nunca traces tu frontera,/ no cuides de tu perfil;/ todo eso es cosa de fuera”

“Busca en tu prójimo espejo;/ pero no para afeitarte ni para teñir el pelo”

“El ojo que tú ves no es ojo porque lo veas,/es ojo porque te ve”