Jam Session

Política, literatura, sociedad, música

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En plena incertidumbre general, y de la particular mejor no hablamos, tratando de no perder la sonrisa...

08 septiembre 2010

No hay nada escrito

La sociedad y sus revistas de moda conforman esa tendencia inmadura a no abandonar nunca la escuela, a no jactarse de criterio propio, a mezclarse con el resto del rebaño. Se llevan los leggings, esa prenda ajustada para hembras desmusladas, con las piernas huesudas y el culo escurrido. La mujer de hoy se atreve a presumir de tipo fino lo que ha perdido de buen paisaje y salud razonable. Por eso gusta gastar ropa elástica y cómoda, tan en función de esa visión demasiado práctica y desenfadada, que es lo que se debe de llevar ahora, o sea, una mujer de catálogo, aunque esté descatalogada. También se llevan, en el papel, en la calle y hasta en la intimidad de las alcobas, los tonos grises y las rayas horizontales. Lo primero, porque a la gente, al contrario de lo que comúnmente se piensa, lo que la gusta es pasar desapercibida. Y así sale a la calle con tonos tristes y apagados, que ni fu ni fa, como se dice coloquialmente. Además, el gris pega con todo y con todos, hasta con la gente que siempre ha sido un poco pija, como la Trini, asunto que nos recordaba hoy, en su columna, en la edición impresa de El Mundo, Santiago González, aunque él hiciese hincapié en aquella chupa colorada con la que la rubia, en su día, levantara tantas pasiones. Y lo segundo, las rayas presidiarias, están de moda porque el personal recuerda con nostalgia y cariño infinitos la ropa que usaba la tripulación de Chanquete, que también tuvo su época tonta, su tiempo chic. Y así, por ponerles un ejemplo no menos inapropiado que cualquier otro, a las muchachas de hogaño las ponen los señoritos que vistan como lo hacía “el piraña”, aquel muchacho que siempre hablaba con la boca llena, porque, a decir verdad, nunca la tenía vacía. Y en cuanto a los jóvenes de hoy, ni qué decir tiene que nos siguen gustando y causando no poca admiración las muchachas en bicicleta, aunque ya no silben, ni canten, y algunas ni siquiera sepan montarlas.