Jam Session

Política, literatura, sociedad, música

Correspondencia: fjsgad@gmail.com
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Lugar: León, Spain

En plena incertidumbre general, y de la particular mejor no hablamos, tratando de no perder la sonrisa...

26 junio 2008



Ha tenido el hallazgo, la cortesía y la gentileza de compartirlo conmigo y todos ustedes Julián Mateos González. Si vienen de fiesta por León, pregunten por él. Y tómense ambos una copa a mi salud.

22 junio 2008

Como no podía ser de otro modo: hoy, todos con la roja. Nos han contado nuestros disciplinados, y especializados, periodistas deportivos que “todo español lleva un seleccionador dentro”. Pero ha tenido que venir la sección femenina del periódico El Mundo a explicarnos, gráficamente, que España es un país grande y hermoso, lleno de curvas grandes y hermosas. Y sin embargo, ¡a Dios pongo por testigo!, sépase que nunca he puesto en tela de juicio la extraordinaria capacidad ofensiva, aunque muchas veces latente, que alberga nuestra delantera. En cualquier caso, a mí siempre me ha perdido el queso.

21 junio 2008

Mujeres.

Sinceramente: creo en mi fuero interno, y corroboro en el externo, que llegada esta época del año se puede llegar a la conclusión de que una de las circunstancias por las que un hombre se siente dichoso de serlo es la existencia de esos seres frágiles, bellos, entusiastas, cabezotas y extraordinariamente caprichosos que la historia, y la vida, han tenido a bien en denominar mujeres. Esto es así, yo que se lo digo; tan real como la vida misma. Y aun siendo así, Dios me libre de exagerar, no conozco a ningún ejemplar de lo que la historia en igualdad de condiciones ha calificado con el nombre de hombres, que sea capaz de comprenderlas. Tampoco que lo intente, claro. En una ocasión me llegaron rumores de un osado que, con total desprecio por las costumbres de su género, intentó adentrarse en ese terreno tan delicado como desconocido. Les daré, no sin una pizca de orgullo, más datos: era pariente; aunque reconozco que de una rama lejana, difusa, casi ignota. Ustedes ya saben que quedamos pocos valientes. Incluso mi padre, docto en el conocimiento del pensamiento femenino, y un poco filósofo los Domingos, al confiarle que me hallaba absorto, y con incipiente desconcierto, en el aprendizaje de la psyque femenina, me dijo que había aprendizajes que duraban toda una vida. Vamos, que no tuviese prisa.

Un servidor, que se tiene por joven risueño, jocundo e hilarante, pensaba, no ha mucho de estas líneas, que eran cosas propias; como la propia casa, la propia cara o la propia madre de uno que, probablemente, y en propiedad, sea una de las cosas más propias que en esta vida tenemos. Pero no. No era tal. Las mujeres, para nosotros, y los hombres, para ellas, a la postre, somos unos y otros un interrogante recíproco que nunca acaba de obtener respuesta. Al menos una respuesta clara, obvia, notoria, diáfana, meridiana, perspicua. Y ya saben ustedes que es costumbre castiza por vieja criticar todo aquello que se desconoce, que no se comprende, que se ignora. Pero también saben que el ignorante de nada duda, evidentemente, porque nada sabe. Así que permítanme que dude.

Los inveterados seguidores de este blog, tan inveterados como la antecitada costumbre, habrán venido observando, con cierto deleite, mi recalcitrante pensamiento respecto a las mujeres y sus gustos y sus actitudes y, en fin, su dispar modo de ver la vida. Algunas, sobre todo, pensarán que hablo del género por el modo en que en la feria me ha ido. No tal, queridos y queridas. Si hablase de todo lo que compone mi mundo según mi propia experiencia tal vez no dejaría títere con cabeza; o tal vez pintaría todo de un modo excesivamente maravilloso.

Mujeres, decía. En esas cuitas ando yo metido todo el día. Todos los días. Toda la vida. Pues me considero hombre de costumbres monótonas, asiduas, muy vistas que dicen. No les voy a engañar a estas alturas. El artículo de hoy, la verdad, iba a tratar sobre una sinécdoque. Una de las muchas sinécdoques que aquí, en alguna otra ocasión, he tratado. Pero por una vez, y sin que sirva de precedente, el todo ha merecido tanto como la parte.

Tengo un compañero en el curso que mi persona viene desempeñando de un tiempo a esta parte, razón primera por la que no les incordio a diario, que asegura, de un modo apodíctico e inconcuso, que las mujeres son muy caprichosas. Y, por favor, no se me alborote el personal femenino. Ya no me acuerdo quien dijo aquello de que generalizar es la forma más fácil de equivocarse pero, también, la mejor forma de entenderse. Permítaseme, pues, que me entienda con todos ustedes. Argüía el chico, además, y me atengo a la enmienda del pecado y el pecador, que la mujer tenía el sentido de la delicadeza extraordinariamente desarrollado. ¿Lo pueden creer? Y no sólo eso. Afirmaba, impepinable, que eran seres, por naturaleza, cambiantes, transmutables, producto de alquimia. ¿Será posible? Todas estas cuestiones, que como saben me inquietan desde que cambié el fútbol por las mujeres, despertaron mi curiosidad, y con ella mis oídos, por entero. Me hallaba ante un erudito, un sabio, un pragmático. Tenía que exprimir el limón; pues de todos es conocido que hay trenes en esta vida que, una vez perdidos, no vuelven a pasar. Sin embargo, y de un modo absolutamente curioso, cambió de tercio. Comenzó a decirme que tenían cosas buenas, que él había cambiado mucho, y para mejor, con su actual novia…escuché con verdadero interés pero, al cabo, finiquitó su disertación con un lacónico, y ambivalente, las mujeres son así. Gozos y pozos, ya saben.

En cualquier caso, no me lo nieguen. Son complicadas, contradictorias, y, para mayor desazón, vienen sin libro de instrucciones. Quizá sean más fáciles de lo que parecen, o quizá sean mucho más complejas. El psiquiatra Benito Peral, en su blog, escribió al respecto del tema una estrofilla del Lebrijano que decía: “esta gitana está loca / lo que dice con los ojos / lo desmiente con la boca /". Qué maravilla, ¿verdad? Y un amigo mío, hablemos siempre de terceras personas, me aseguraba que el truco está en decirlas lo que quieren escuchar. ¡Lo que quieren escuchar!, me dice, y no se sonroja. Pero, ¿ustedes saben lo difícil que es eso? Sería mucho más asequible entablar contacto con vida extraterrestre, y, en ocasiones, mucho más seguro.

Por último, tengo entendido que existe en el ámbito femenino la creencia, seguramente fundada aunque no por ello menos viperina, consistente en que los hombres no escuchamos. O en que escuchamos sólo lo que nos interesa. ¡Hombre, hombre! Como si a las mujeres, por el contrario, sí las interesase todo lo que las contamos. Aunque yo lo que pienso, más bien, es que unos y otros, ambos pecadores, pensamos una cosa y decimos otra. Actitud hipócrita que el paso del tiempo troca en inane, ya que el pensamiento se hace obra, y ésta tiene mal disimulo. Por esta razón, y para evitar que esta situación se prolongue ad eternum, me gusto de comenzar la conversación con las mujeres con un pequeño juego de palabras, que la mayoría de las veces desemboca en imprecaciones a mi ingenua persona, y que dice así: ¿quieres que te diga lo que quieres escuchar o quieres escuchar lo que te voy a decir? Como respuesta, lo primero es la elegancia, me mandan a la mierda. Y a veces, allí me quedo. Claro que, como dice Arcadi Espada, así va España.

Fundamentos de derecho literario: “que cualquiera pase revista a sus particulares temores, y analice a continuación en qué medida le colocan ante el abismo de lo desconocido o le remueven algo extremadamente íntimo, profundamente constituyente de la estructura más básica de su ser” Max Horkheimer. Buen fin de semana, gracias por leerme.

15 junio 2008

Esta criaturilla de arriba es mi hermano. Lo sé, como dicen mis amigas, es demasiado guapo para ser mi hermano. La verdad es que el chiquillo, y no sólo físicamente, es todo lo contrario a lo que yo soy. Hoy cumple 18 añitos. Un géminis, de manual. No le he visto el pelo en todo el fin de semana. Se ha ido de farra a Gijón con los amigos. Mis padres, personas de suma ingenuidad, creían que les iba a llamar como mucho el Sábado para que lo fueran a buscar. Supongo que pensaban que el pequeño de la casa se sentiría desamparado lejos de la misma; ¡sin tener en cuenta cómo va España!. Llamar, llamó. Pero para decir que por las ganas se quedaba allí. Ciertamente, esta juventud jaranera no tiene desperdicio. Nadie les va a quitar lo bailado; y ellos lo saben. Creo recordar que en mi 18 cumpleaños estaba tocando, o sea, trabajando. No me digan, que no es para llegar a la conclusión de que la vida le va dejando a uno pistas de los derroteros por los que su destino va a discurrir. En cualquier caso, felicidades tato. Y ustedes disfruten la vida.

13 junio 2008

07 junio 2008


03 junio 2008

Muy buenos días, tardes o noches; o quizá muy buenos sueños, si es que en tal tesitura tengo el alto honor, y mayor placer, de que se acuerden de mí. Dado que este fin de semana estuve en mi añorado y querido pueblo; dado que por esa misma razón he faltado a la cita hebdomadaria que, más o menos, les había prometido; y, más aún, dado que a lo largo de esta semana me va a ser imposible actualizar decentemente el blog: sólo me he pasado por aquí a desearles una buena semana, a agradecerles que me sigan leyendo y, ya que estamos, parafrasearles esta delicatessen con la que, afortunadamente, me he topado leyendo Artículos de Costumbres, de Mariano José de Larra: “A nadie se ofenderá, a lo menos a sabiendas; de nadie bosquejaremos retratos; si algunas caricaturas por casualidad se parecieren a alguien, en lugar de corregir nosotros el retrato, aconsejamos al original que se corrija: en su mano estará, pues, que deje de parecérsele…” estas líneas, forman parte del subtítulo del periódico El Pobrecito Hablador, en el que Larra dejó su impronta; y me parecen fantásticas, finísimas, adorables, hilarantes, punzantes, sencillamente maravillosas. Las he encontrado en el exordio del cuasimamotreto que me tiene loquito en la actualidad. Digamos, que para ir abriendo boca. Antes de que el lector se imbuya del espíritu y esencia de la España decimonónica, magistralmente plasmada a manos de Larra. Para este menester bien podía haber esperado al post del fin de semana, pero me parecía materia delictual, ¡y altamente contaminante!, por no tildarla de pecaminosa, privarles por más tiempo de este depurado ingenio, aunque sea en minúscula fragancia. Como colofón a su breve andadura este periódico, sometido a la fuerte censura de la época, cerraba su inverecundo magisterio con las siguientes líneas: “hemos echado diez meses en verter media docena de ideas, que acaso en horas habríamos concebido, y todo para decirlas, a fuerza de lagunas y paliativos, de la ridícula y única manera que las pudieran oír los mismos que no quieren entenderlas”. Lo he dicho en muchas ocasiones: salvo que me mire un tuerto, y lo haga a muy mala leche, seguiré repitiendo, ¡qué haríamos sin la literatura!