Jam Session

Política, literatura, sociedad, música

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Lugar: León, Spain

En plena incertidumbre general, y de la particular mejor no hablamos, tratando de no perder la sonrisa...

28 enero 2013

Whisky



¿Es legítimo afirmar que Javier Bardem es hoy el actor más cualificado de nuestros excelsos intérpretes? Tan legítimo, al menos, como calificar de intelectual a Miguel Bosé, o asegurar que Mario Casas hace uso de una dulce y suave vocecilla cuando se expresa en las profundas películas que protagoniza. Que lance la primera piedra quien no viese al menos por unos instantes a MB con pijama y pajarita en el especial de Nochebuena, entiendo que en pago por los ponderados y juiciosos comentarios realizados sobre el actual gobierno. Que tire otra aquel que haya visto a MC actuar una sola vez sin dar un grito, haciendo una velada apología de la lizipaina. Y, ahora, que alguien defienda con argumentos la última interpretación de JB en Skyfall. Yo, al menos, voy a intentarlo. ¿Qué hace tragicómico dicho film? ¿La muerte de M en la película por serios problemas de salud en la realidad? ¿Que por fin hieran al héroe, y muestren su cara más humana, y por tanto frágil y vulnerable? ¿Que la filosofía que subyace en la trama sea que hay algo realmente enorme en el hombre, como ser humano, cuando aun siendo muy adversas las circunstancias a que se enfrenta tiene la capacidad y el coraje de mirar a los ojos a su destino, de sacar fuerzas de flaqueza, de encontrar en su interior la solución, la luz o incluso la fortuna que le haga salir victorioso del implacable lance en que se halla? No. Lo tragicómico es el villano. Tan ridículo que devalúa al gran agente. Obsceno amaneramiento afeminado, lo llaman. Hay que remontarse a la inefable saga Torrente, y encontrar a un malvado José Luis Moreno con su monito Luis Alberto, para hallar algo más patético. Lo curioso de la comparación, claro, es que, por exigencias del guión, en la película de Santiago Segura el malo malísimo estaba obligado a ser un chiste; pero en la de Sam Mendes, así lo entiendo, el vil bellaco, además de serlo, debía parecerlo. ¿Interpretación magistral? No son pocos, dentro y fuera de nuestras fronteras, los que han llegado a esta conclusión. Lo que da respuesta diáfana del actual estado del celuloide. Del peso que tiene un apellido y un posicionamiento ideológico determinado, y que el Papa me perdone, en la ciudad y en el mundo, para abrirse paso con donosura en este valle de lágrimas. Y, vaya, hasta de lo influenciada que está en la vida la opinión por la opinión. O tempora, o mores.

21 enero 2013

Qué calor y qué tipo tengo



Se entiende que el excelentísimo Ayuntamiento de León quiere que sus vecinos cojan sus buenos catarros. Así, por ejemplo, si un ciudadano de esta pequeña y coqueta ciudad vive cerca de uno de los termómetros plantados en los alrededores de las rotondas, cual castaños pilongos, dependiendo de cual sea el que haya visto, saldrá de casa con una ropa determinada: dada la extraordinaria e inexplicable diferencia que hay entre lo que marcan cada uno de ellos, ya pueden ir compadeciéndose del pobre. Esta misma tarde, en Eras de Renueva, uno de ellos marcaba once grados. Temperatura que, para un sevillano, a lo mejor es lo suficientemente fresca como para salir con la estufa de casa; pero aquí, en el norte, con esos grados salimos poco menos que con una camiseta  de manga corta. Curiosidades de la vida en general, y de nuestra villa en particular, en la plaza de la Inmaculada eran cinco los grados que marcaba el bálano digital. Por momentos llegué a pensar que me había quedado destemplado. Como esos señores que, pillados en flagrante delito, después de una vida dedicada a la mangancia de guante blanco, se les queda esa cara de bobos, de pasmados, como de pescado mal congelado, con la que entiendo que nacieron y siempre ha sido objeto de chacota por los más chisposos del barrio. ¡Y es que hacía tanto frío! ¡Se quejaba tanto la gente! Pero, coño, no íbamos a ponernos también en contra del mercurio: ya tenemos bastante con el gobierno. Temperatura aparte, tema socorrido para tratar cuando no abunda precisamente la confianza, hoy he podido admirar a bellas muchachas de rostro angelical, a las que apenas se las veían los ojos, embutidas en sus gorritos, bufandas y guantecitos, todo ello muy lindo, y haciendo juego, como corresponde a toda señorita que se precie. Aunque, la verdad, las comprendo. Los hombres entramos en una zapatería y tenemos un par de modelos de zapato para elegir. Ambos igualmente feos. Y bastante incómodos, por cierto. Las mujeres, en cambio, tienen una variedad tan rica e infinita, que es como para volverse loco. Loca, perdón por mi extremada empatía. El otro día, acompañando a mi hermana, observé en una tienda una fila de botines tan larga que no alcanzaba a ver su final. Negros, marrones, de piel o de ante, con juguetonas motitas, serios y circunspectos, como de ministra socialista. En fin, un sinfín de variedades. Y, claro, cuando uno pasa la vista de los estantes a los ojos de las clientas, ve ese desvarío tan delicadamente femenino, esa codicia de género, ese semblante soñador en el que ya se imaginan con sus nuevos botines, y su nuevo abriguito, y lo monas y conjuntadas que van a quedar con sus nuevas adquisiciones. Y por no mencionar el buen humor que se puede observar en sus novios o maridos. Todos ellos cargados con bolsas de la compra (y ninguna para ellos). Y, además, todas enormes. Y realmente pesadas. Y es que hay que ver cómo nos gusta a los hombres ir con las mujeres de compras. ¡Son tan felices en esos momentos! ¡Y parece, por fin, que nos quieren tanto! Y, además, ¿que hombre de bien, hoy día, y que encima se precie de serlo, iba a quitar el gusto a su santa por no acompañarla? Aunque todos sepamos lo comprensivas que se mostrarían en caso de declinar oferta tan apetecible. Porque las mujeres podrán ser frágiles y caprichosas, alguna conocerán, pero convendrán conmigo en que jamás se les pasaría por la testa fastidiar a sus admirados hombres.  

16 enero 2013

Heurístico



Un mensaje, una llamada, un aviso pidiendo guerra, uno con gas, o el órdago a nada. La experiencia del óxido como inclino instalado en tu próximo movimiento. La inercia, que de tantas preocupaciones nos despoja, ahora goza pidiendo el artificial impulso de su bilocación futura. Ganar o perder, el sinsentido que llena vacíos, aquieta anhelos, persuade escépticos. ¿Qué lleva al hombre a disfrutar en la contienda? Piérdete, y puede que te encuentres. La noche calma, genuinamente fría, insólitamente abandonada: la desesperanza no anima la demografía, no llenará las calles ya siempre vacías. Hay miedo porque nuestros sentidos gozan con la plenitud de la superficie. ¿Oponerse al mundanal silencio? Es de locos, sabido es, estar cuerdo. El alcohol, la intempestiva farra, las necesarias, vitales, como sinónimo de promiscuas, mujeres. Debe haber una razón, y una razón bastante poderosa, para que aquél que todo lo vence, que todo lo puede, que todo lo corroe y todo lo corrompe, no haya sido capaz, ni apenas un ápice, de modificar la naturaleza humana.


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¿Cómo son las mujeres? Es una pregunta que me llevo haciendo toda la vida. Y probablemente, pues nunca he sido demasiado optimista, muera sin haberla respondido. Buscar el sentido filosófico a lo que acaso carece de él: ríanse, a mandíbula batiente, de Sísifo y sus cilíndricas preocupaciones. Sin embargo, la literatura siempre está ahí para echarnos una mano: aunque no se explicite el lugar en que la echa. Leyendo Me hallará la muerte, de don Juan Manuel de Prada, que es su último libro, en el que se comprende el porqué de su cliché “las tres o cuatro lectoras que todavía me soportan”, y en el que se asombrarán de que cruce determinadas líneas, se alumbra al lector masculino inquieto por lo intangible de la psique femenina con la siguiente reflexión:



“Creo que sé hacerle la vida más fácil a un hombre…Algo de lo que no pueden presumir la mayoría de las mujeres…

-¿Ah, sí? ¿Y cómo es eso?

Porque son absorbentes y quieren a su hombre para ellas solas. La naturaleza femenina es curiosa y controladora. Cuando una mujer se fija en un hombre se fija con todas las consecuencias: quiere saber lo que hace, lo que piensa, lo que sueña. Quiere conocer sus gustos; y, una vez que los conoce, monopolizarlos. Quiere invadir al hombre, y eso es lo que a vosotros más os puede joder. Algunos ceden, y terminan convertidos en eunucos. Pero los verdaderos hombres termináis rebelándoos”.



Yo, la verdad, no sé si serán así. Pero estoy convencido que esa forma de pensar no es la más idónea para hacer amigas.

10 enero 2013

Son traidores



“Con todo lo que han robado, lo raro sería que no estuviésemos así”

Hoy, ayer y, probablemente, mañana, en la cola de cualquier establecimiento.



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I+D+i. Los estudios son cada vez más serios, fiables y rigurosos. La cuestión, parece evidente, supone equiparar la intuición versificadora de cualquier cantautor con mayor o menor fortuna con el uso dado al presupuesto destinado al departamento más rocambolesco.



Aquí, en la patria, durante años nuestros políticos se han llenado la boca con esas tres letras. Los medios de (in)comunicación no han sido menos. Por supuesto, se han destinado fondos a industrias y empresas. Pues, aunque las cosan no sean, casi siempre basta con que parezcan. Y el resultado, claro, es fabuloso. Es la misma mecánica de las subvenciones: sobra con una impostura decorosa para que el derecho adquiera forma. Cuando una empresa tiene pérdidas (aunque todos sabemos que sólo –pienso escribir el vocablo con tilde diacrítica toda la vida- tiene menos beneficios) y ha de prescindir de alguien, al ingeniero destinado en la sección de innovación le dicen que están encantados con su trabajo, pero que ahora no hay dinero para su, en teoría, imprescindible función. ¿Puede alguien en este país destinar un dinero que no es suyo a lo que quiera? Evidentemente. Yo, que soy de letras, y la vida y el barrio me han hecho desconfiado, me pregunto si nos encontramos ante algo más que una categoría sonora. Una moda, por decirlo sin ambages. ¿Pueden nuestras empresas prescindir del talento que las hará más competitivas, eficaces y eficientes? Parece ser que sí. ¿Se está midiendo, evaluando, calificando el resultado de las inversiones en esta materia? No, o no bien, o no lo suficiente. Durante mucho tiempo, una actividad inútil, pero novedosa, que suena muy bien y a la que se aplican todos los países que no compran nunca sus propios productos y no sobresalen precisamente en materia de exportaciones, ha sido una disculpa más para esquilmar fondos de modo improductivo y maquillar una estadística. Si los recursos materiales y humanos dedicados a estas actividades tan pomposas nos eran tan necesarios, ¿por qué ahora todo el mundo parece haberse olvidado de ellos? ¿Fueron alguna vez lo que pretendieron? ¿O tan solo una mera disculpa para cumplir el expediente y pasar por caja? ¿O una, una más, imposición inane?

09 enero 2013

Condumio



La tradicional cena, la típica reunión de amigos, un siempre agradable encuentro, pero un ambiente nada selecto. Nunca se puede cobrar como en un restaurante no siendo un restaurante: existen ciertas comodidades, e incluso exigencias, en el servicio, que de no darse ni por asomo no se deberían incluir en la cuenta. El bar era de confianza, de acuerdo; el espacio, en un principio, parecía suficiente; hubo promesas de silencio, trato cordial y condiciones envidiables. Y todos, claro, nos lo creímos. Sin embargo, siempre hay que reparar en los detalles, que es donde aguarda el diablo. Justo al lado de la mesa había uno de esos artefactos del demonio con 22 futbolistas en miniatura pegados a unas barras de hierro. Uno puede pensar que si va a pagar una pasta por cenar en un sitio que, aun con confianza, no deja de ser un antro para echar partidas de mus y dardos, el dueño se tomará la molestia de no dejar que otros clientes, al menos durante lo que dure la cena, se acerquen al futbolín. Quiá. No sólo se acercaron, sino que hubo varias rondas, y con gran alborozo de todos los participantes, y con la dichosa pelotita volando por doquier en todo momento. ¿Y eso qué suponía? Pues que no se podía hablar, no se podían hacer confidencias, no se podía hacer gala de ese depuradísimo ingenio que sólo percibe uno mismo, y ni siquiera podíamos hacer los halagos de rigor a las guapas mujeres que nos acompañaban y que, para la ocasión, iban verdaderamente elegantes. Incluso hubo, por nuestra parte, una tentativa de soborno: llegamos a ofrecer un langostino a la concurrencia si cerraban el lugar por el que toda la vida han entrado moscas. Ni por esas, vaya. Hay que ver la poca hambre, y la mucha educación, con la que hoy día sale la gente de casa. No me digan. Aunque es evidente que la culpa la tenía el único que podía haber impedido el desmadre, claro. El mismo que, dadas las molestias, no se acordó de hacernos una pequeña rebaja en el precio. El mismo que nos preguntó si nos había gustado la comida, y al que respondimos, obviamente, que todo muy bueno. El mismo que nos ofreció, por ser quienes éramos, bajar el volumen de la música que salía por los altavoces, la cual nunca llegué a escuchar. El mismo que nos agasajó con una salsa de manzana que, unida al cordero, ¡contubernio!, hacía del sabor a carne algo irreconocible. Como era una receta de la suegra, al parecer herencia de generaciones, cualquiera decía que todo sabía a potito. La tarta, más que dulce, estaba empalagosa. Nadie la terminó. Yo entiendo que al recoger los platos, inevitablemente, tuvo que reparar en que ninguno lo había dejado limpio; no obstante, era un tipo simpático: ¿a que estaba buena? Y todo ello, por supuesto, por ser nosotros. A eso, en el futuro, lo llamarán trato personalizado. Pero yo preferiría llamarlo sablazos ad hoc. ¿Carta de reclamaciones? ¡Y perder aquello que, en exceso, dicen que da tanto asco! Venga hombre.

04 enero 2013

Hasta el 7

Debido a compromisos profesionales, es un decir, previstos para este fin de semana; y a que he tenido, en cierto sentido, que desentumecer mis dedos para tenerlos frescos y a punto para las inminentes actuaciones, no he tenido tiempo ni oportunidad para actualizar el blog, pero prometo tratar de hacerlo con más regularidad una vez me halle libre de otras preocupaciones. Me despido hasta después de Reyes. Y les dejo el vídeo de este pianista. Hay que ver lo que puede dar de sí un tema en apariencia tan simple.